Etiquetas y estigmas

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Un día, estando en el trabajo, me dice una amiga y compañera casada a quien aprecio mucho: “Estoy tan desconectada de lo que son las relaciones de hoy en día… Y luego, de la nada, me pregunta: “Al cuanto tiempo hay que dárselo a un man?”

Aquí lo curioso no es la pregunta, porque sé que ella me lo preguntaba porque realmente no lo sabe, sino que, al ser yo una mujer “divorciada” y con un hijo, lo que ella me quería hacer entender es que eso me ponía en una situación de desventaja o me metía en un saco diferente dentro del contexto de las relaciones o del mundo del “dating”.

En nuestra sociedad, no estamos condicionados a pensar que hay un estigma asociado a una mujer separada o divorciada y, aún más si ésta tiene hijos. 

Recuerdo que cuando aún vivía en los Estados Unidos y estaba pensando en venirme a vivir a Colombia (y ya me había separado), un amigo que me estima mucho me dijo: “Es que ya tú eres diferente porque haces parte del grupo de mujeres separadas”. Inclusive, en conversaciones con mi hermana también a ratos solía escuchar: “Es que tú ya no eres una mujer soltera”. 

Y todo esto, de una u otra manera, afecta a las mujeres como yo que, por cosas del destino – llámese malas decisiones, mala suerte, valentía, lo que sea – hoy en día estamos solas y a la merced de este tipo de comentarios que provienen de nuestros seres más queridos y amistades más cercanas.

Las mujeres casadas de nuestro círculo tienden a creer que las mujeres separadas o divorciadas sólo están pensando en sexo y por eso “cuidan” a sus esposos de ellas. Y los hombres casados o solteros creen que cuando una mujer es separada o divorciada tiene que darlo de una.

¿Pero es una mujer separada o divorciada realmente diferente a otra soltera cualquiera?

Claro que sí lo es. Una mujer separada o divorciada es una mujer que un día decidió que no podía más con la situación que estaba viviendo en su matrimonio, que fue lo suficientemente valiente de afrontar su desdicha y luchar por su felicidad sin importarle el qué dirán, la soledad o criar a sus hijos sin ayuda.

Últimamente me he enterado que muchas mujeres que conozco y de mi generación se han separado o se están separando en la ciudad donde vivo, después de muchos años de matrimonio y con varios hijos y me pregunto, ¿qué es lo que está pasando?

De entrada puedo decir que el matrimonio no es fácil, implica un trabajo continuo, mucho entendimiento y un buen manejo de la convivencia… Además es, muchas veces, cuestión de suerte. Suerte en que te cases con una persona que te ame, valore, respete y entienda en las buenas y en las malas y durante todos los bemoles que pueden llegar a tener las relaciones de pareja.

En mi caso personal, siento que cuando me casé hace más de 17 años, lo hice por las razones equivocadas. Pensé que era el momento, quería ser mamá y sentía que ya era la hora porque muchas de mis amigas ya se estaban casando. 

Después de pasar por mis problemas de salud y por lo que, en su momento, fue una prueba muy difícil, sentí que me quería comer el mundo. Mi esposo en el momento no se sentía igual. Él simplemente quería seguir manteniendo el statu quo y aparentar que todo estaba bien. Durante los años que estuvimos juntos, me hizo perder el amor propio y el autoestima. Me sentía fea e insignificante en nuestra vida íntima, la cual después de un tiempo era inexistente. 

Fue por eso que decidí divorciarme de él.

Lo que me pasó a mí le sucede a muchos, así son muchos matrimonios. Simplemente hay personas (mujeres y hombres) que se van de aguante, como popularmente decimos, y deciden no trabajar en los temas en los cuales todos los matrimonios deben y tienen que trabajar. Y esto se presta para infidelidades, engaños, malos ratos e inclusive a la pérdida total del amor, por así decirlo.

Tengo un amigo, por ejemplo, que me comenta que muchas amigas casadas lo buscan para que él las motive a tener relaciones íntimas con sus esposos o con ellas mismas. Lo cual me lleva a pensar que están aburridas, poco motivadas y buscan un escape por medio de affairs virtuales y esto a lo mejor las ayuda a poder seguir en sus matrimonios.

Voy a aprovechar para relatar algo que me pasó hace poco. Conocí a alguien que me gustó mucho y con quien tuve una conexión increíble. Hacía mucho no me sentía así y decidí darle una oportunidad a la noche y hablar con él. Quiero confesar que me asusté un poco porque, en los últimos 5 años, siempre que decido darme la oportunidad con alguien, salgo lastimada. Esta vez, aunque el desenlace no fue el que yo esperaba, me siento bien porque logré salir un poco de mi zona de confort y por fin me sentí atraída a alguien después de tanto tiempo.

Mis miedos en volver a estar con alguien o sentirme atraída a alguien tienen un fundamento bastante sólido porque están basados en todo lo que me ha pasado a lo largo de mi vida en temas sentimentales. Aunque me siento sana, tranquila y lista para abrirle mi corazón a la persona que sepa valorarme, respetarme y amarme a veces me invade la inseguridad y me pregunto si mi “aparente” vulnerabilidad es una tentación para muchos hombres. Mi mayor temor es que los hombres piensen que soy una mujer desesperada porque soy una madre divorciada.

Esto último tiene que ver con las etiquetas y los estigmas alrededor de las mujeres separadas o divorciadas. Vivir en mi ciudad no es fácil. La gente habla mucho. Pero he aprendido a hacer mi vida sin importarme lo que los demás opinen, hablen o comenten. No le hago daño a nadie y trato de vivir una vida feliz al lado de mi hijo y mis padres. 

Si bien no he tenido la mejor de las suertes en temas de relaciones, hoy en día me siento tranquila porque estoy en paz y feliz. Si algo he aprendido es a perdonarme por lo que en su momento pensé que eran errores o equivocaciones y ahora los veo como una experiencia de aprendizaje.

El tema de las relaciones no deja de ser enredado y, desafortunadamente, los estigmas y las etiquetas lo hacen aún más complejo. Aquí lo importante es saber qué se quiere de una relación y siempre estar atentos a las señales de alerta para no salir lastimados. Todas las mujeres – solteras, separadas, divorciadas, casadas  – quieren ser felices. Esa felicidad puede tener distintos significados y pueden o no estar ligados a encontrar el amor al lado de una pareja.

Durante mucho tiempo juzgué negativamente a las mujeres que en su momento habían tomado la decisión de divorciarse porque crecí en un ambiente en el que nos criaron para pensar que el matrimonio tenía que ser para siempre. Después de todas mis vivencias he aprendido a no juzgar y a no hablar mal de alguien por el sólo hecho de hablar sin en realidad saber lo que esa persona está viviendo.

Hoy en día me encuentro tranquila con las decisiones que he tomado porque éstas me llevaron a ser mamá y a volver a Colombia. Intenté ser feliz en pareja con dos personas y no lo logré. Estaría mintiendo si digo que me quiero quedar sola  – no estoy diseñada para eso – aunque lleve mucho tiempo así. Lo que pasa es que ahora soy más cautelosa. Nunca he sido alguien de salir por salir y menos ahora que soy madre. 

Y, si estar soltera está de moda, por eso yo no me enamoro… pero sí espero hacerlo a su debido tiempo y de la persona idónea.

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